La agroecología de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se puede ver al mismo tiempo como una disciplina científica, un conjunto de prácticas y un movimiento social que busca conseguir alimentos más saludables que los que se producen con la agricultura tradicional, prestando especial atención al componente integral de los ecosistemas, incluyendo el componente social, a la vez que se conservan los recursos naturales y la biodiversidad. Esto resulta importante en un mundo que requiere poner fin al hambre y asegurar el acceso de todas las personas a una alimentación sana, nutritiva y suficiente.
El modelo de agricultura tradicional es responsable en gran medida de problemas tales como la deforestación, el uso excesivo de agua, productos químicos y sintéticos, explotación animal, desigualdad en el campo, entre muchos otros que son perjudiciales para la salud de los seres vivos y la conservación del medio ambiente; por ejemplo, la agricultura particularmente libera importantes cantidades de metano y óxido nitroso, dos potentes gases de efecto invernadero y hasta el año 2019 fue responsable de cerca del 10.55 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero de la Unión Europea. El cambio climático empeora la situación, este afecta a la agricultura debido a que los cultivos necesitan tierra, agua, luz solar y calor adecuados para su desarrollo, lo que se puede ver afectado debido al aumento de la temperatura, el estrés hídrico, entre otros, que generan a su vez un impacto socioeconómico de grandes proporciones.


